Osvaldo Salerno, el arte como acontecimiento

Osvaldo Salerno, el arte como acontecimiento

Me reuní con Osvaldo Salerno para dar continuidad a esta serie de entrevistas sobre coleccionismo principalmente porque en casi todas las entrevistas anteriores por una u otra manera surgió su nombre. Hablando con Osvaldo comprendí que hablar de coleccionismo es indudablemente hablar de la historia del arte de este país, y seguramente la historia de la humanidad sería más difícil reconstruirla si no fuera por las colecciones públicas y privadas  de objetos portadores de cultura y de arte.  Poseer  grandes colecciones es para los países indudablemente un símbolo de poder.

La idea de colectar creo que es un principio casi patológico, la idea de acumular es una pulsión vieja, primaria, inexplicable en términos de racionalidad

No es casualidad que la conquista de un país o de una cultura esté involucrada con la apropiación de los símbolos que representan su cultura, tampoco es sólo una cuestión de dominación y poder, tal vez tiene que ver también con la necesidad de poseer, íntimamente ligada al ser humano. Como cuando visitamos un lugar necesitamos llevarnos algo, como un testimonio que garantice el hecho de que realmente estuvimos ahí.

“La idea de colectar creo que es un principio casi patológico, la idea de acumular es una pulsión vieja, primaria, inexplicable en términos de racionalidad. Al principio hay una especie de atracción entre el objeto y uno. A veces como dice Didi Huberman es el objeto que lo mira a uno, es la pieza de arte que lo mira a uno y no uno que la mira a ella, entonces hay un juego de miradas inicial que hace que uno decida acercarse a poseer eso.

No todos los objetos artísticos son obra de arte. Una obra de arte es un acontecimiento.

“Pensar en la idea de colectar, o de volver colección que es una palabra más técnica es una cuestión que viene después, al principio es una suerte de placer por fruir un objeto, a veces no es un objeto artístico, a veces es funcional o utilitario, algunas veces es un objeto artístico que no siempre es una obra de arte. No todos los objetos artísticos son obra de arte. Hay toda una línea de producción que tiene que ver con la cuestión estética. Una obra de arte es un acontecimiento.

Osvaldo Salerno
Obras de Felix Toranzos y Celso Figueredo en la sala de la casa de Osvaldo Salerno

A veces un acontecimiento de arte puede no ser buen compañero para transitar la vida cotidiana, la obra de arte a veces puede nombrar la verdad, y agredir, y abrir la puerta y levantar, destapar la caja de pandora. Y lo que nosotros a veces necesitamos para convivir en nuestro espacio doméstico es una presencia que nos tranquilice, que nos acompañe.”

Respecto a eso le pedí un ejemplo de lo que él llama obra de arte, obviamente es algo extremadamente difícil de definir y muy subjetivo, pero es justamente en esta dificultad que radica la belleza del arte. Difícil de definir, subjetiva, es y no es, absoluta y relativa a la vez, hay quienes quieren que la obra de arte trascienda los tiempos, hay quienes la ven íntimamente relacionada con el contexto. A pesar de la pregunta incómoda, Osvaldo Salerno me dió un ejemplo directamente relacionado con el momento histórotico y el contexto social.

“El día en que se abrió el panteón de los héroes y se hicieron todos los ritos funerarios del retorno de los héroes paraguayos, un periodista le pregunta al presidente con relación a los escraches y el presidente sin siquiera darse vuelta  contesta “Baline de goma”.  Ese es un gesto de arte político, haber captado el instante exacto en que el mandatario supremo de la República del Paraguay, el instante en el que se re entierran, se ponen en su sitio, las bases de este país, se refiere de esa manera a lo que es la efervescencia de la juventud. Haber colocado esa frase en lugar de “Fides e Patria”, para mi ese es un gesto de arte. Y es el contexto el que lo convierte. Momentos en que acontece lo artístico desde una mirada de hoy.”

Osvaldo Salerno
Foto de la frase proyectada en el panteón de los héroes por David Amado

El diseño, “disign” es la contracara del arte, no hay angustia, hay funcionalidad, hay cálculo, hay inteligencia, hay manejo de códigos seguros, no hay oscuridad. Para mí el arte se mueve en la oscuridad. El diseñador se mueve en una posibilidad combinatoria, hay diseñadores más creativos que otros, que pueden mover sus piezas de maneras más libres y novedosas, pero para mí el arte es una especie de diablo que se esconde, que a veces te mira y que la mayoría de veces no lo encontrás, se te pierde.

Respecto a su propia experiencia con el coleccionismo Osvaldo Salerno es uno de los padres de uno de los centros culturales más importantes que tiene Paraguay, que ha sabido poner la mirada tanto en la cultura popular e indígena, como en las producciones contemporáneas, generando un paisaje completo de lo que a pesar de la hegemonía de la cultura occidental es el Paraguay.

“Siempre estuve cerca de la idea de colectar, primero objetos que me dieran placer. El origen del Museo del Barro se puede situar en la reunión sistemática, organizada, estudiada, de una colección, o de unas colecciones o de una serie de objetos que fuimos reuniendo y que de repente le dimos un sentido público.”

Osvaldo Salerno
Esquina de la casa de Osvaldo Salerno, con un pedazo de silla que sobró de una obra de Carlos Colombino, un espejo en el que se refleja una obra de Sara Leoz y una obra de su autoría

El Museo del Barro fue fundado por Carlos Colombino, Ysanne Gayet y Osvaldo Salerno, y como muchos museos y fundaciones en el mundo nace de colecciones privadas que después fueron públicas. En realidad este es un punto en el que no me había detenido a reflexionar, pues si no fuera por este afán de colectar, de reunir objetos entorno a una idea o a un conjunto de conceptos para construir una colección,  sería mucho más difícil tener un panorama de nuestra propia historia y cultura.

“Ahí fueron a parar la piezas personales que reunimos hasta que la casa se llenó de objetos queridos, deseados, u objetos que le miraron a uno en una feria de arte popular o en una tienda. En ese sentido una coleccion es imposible reunirla en una tarde. Es una cuestión que tiene que trabajarse con el tiempo. Y creo que una colección de arte profesional hoy en día no se hace sólo con capital económico importante y decir: “bueno, en una semana quiero armar una colección, de determinada línea de cosas”, tiene que haber esa cuestión de diálogo con las cosas, con los objetos.”

Osvaldo Salerno es consciente de que hay un cierto grado de vanidad en construir una colección de arte, sin embargo no es una vanidad que tiene que ver con la ostentación, creo que es más bien una conciencia de nuestra relatividad, es sabernos polvo, por eso tal vez respondemos a necesidad de construir algo que nos trascienda, por supuesto dependiendo siempre de que los que nos sucedan quieran asumir el legado.

“Carlos Colombino empezó a reunir obsesivamente de todo, arte popular, arte contemporáneo, y con el ánimo de pensar en la institución “musealidad”, y era también el espíritu suyo que venía de ser un migrante, él venía del norte de Paraguay, él no era de Asunción, y había como una necesidad suya (leyendo las entrelíneas de un hombre que no me puede contestar) de búsqueda de casa, era un extranjero en Asunción. Tal vez un poco también de vanidad de parte suya de dejar unas señales, él supo negociar con sus hijos, para que su proyecto pueda tener la continuidad que tiene hoy. En algunos casos esos sueños se rompen y no nos beneficiamos los otros.”

Escuchando a Osvaldo Salerno puedo constatar el hecho de que el arte no está en los objetos en sí, sino más bien en la mirada. El hecho de que las cosas no siempre tienen una cualidad por sí mismas, sino el valor que nosotros les damos. Osvaldo anda por el mundo buscando este valor símbólico de las cosas, como es el caso de la exposición que realizó en el Citi llamada “Takumbú” en donde expuso los cuchillos incautados en la cárcel.

Osvaldo Salerno
Imagen de la noticia sobre la incautación de armas en el penal de Takumbú

Es interesante este traspaso de la bodega de seguridad del poder judicial de objetos que no tienen ningún valor hasta las salas de un museo. Estos objetos toman entonces otras dimensiones, nos remiten directamente a nuestras pulsiones más primarias, al instinto de sobrevivencia, a la necesidad de justicia que a veces se traduce en justicia por mano propia, al odio, la violencia y las pasiones más bajas del ser humano. Hasta convertirse en un objeto artístico como es el libro con las fotografías que hizo Fernando Allen de estos objetos colectados por Osvaldo Salerno y textos de Roberto Amigo, Ticio Escobar y Walter Fernando Díaz Ayala. Un objeto que es un detonante desde el cual pueden nacer muchas lecturas, de dimensiones existenciales, sociales, políticas puesto que el arte trabaja lo connotativo, como dice Osvaldo Salerno.

Osvaldo Salerno
Exposición “Takumbú” de la selección de Osvaldo Salerno de cuchillos artesanales relizados por los presos

“Soy un asiduo visitante de todos los mercados de pulgas del mundo, cuando voy a las ciudades uno de los sitios que suelo visitar es el mercado de pulgas, porque  es de los sitios en donde uno encuentra el revés del saco, de la camisa, de la costura, el otro lado de la prenda que está terminada, de esa ciudad, o de esa comunidad.

Hoy en día ya tengo el trayecto hecho por haber trabajado en programas de museos, de exposiciones, de hecho el trabajo en la galería es un trabajo que tiene 4 décadas, y uno termina siendo… como se dice uno es lo que come, uno es lo que mira, uno es lo que lee, uno es lo que acumula también. En ese sentido quizás puedo decir que me ocupé de reunir objetos artísticos, de acompañar a otros a armar colecciones, no solamente con un sentido de equipar sus ámbitos domésticos sino de reunir, buscar, querer poseer objetos, da  cuenta también de que uno busca sumar una suerte de capital de intensidad. A veces no son objetos artísticos, pero busco gestos de arte permanentemente. Eso es una cosa instalada. Como el alcohólico que busca cada tanto tiempo una dosis de alcohol. Ya es un trayecto largo hecho y es un trayecto que a mí me ha dado gratificaciones siempre.”

Osvaldo Salerno
Foto de la muestra “Colectores y colectoras” curada por Osvaldo Salerno en el Centro Cultural del Citi

Además de coleccionar, y  de generar propuestas artísticas a partir de este acto “potológico y primario” como él mismo define, Osvaldo Salerno lleva adelante una galería de arte desde hace 40 años, y ha acompañado a muchas personas a construir sus colecciones, a entablar un diálogo con el arte, o tal vez simplemente a escoger una pieza de arte a un comprador casual que le va a acompañar en su cotidiano.

“Decía un amigo curador argentino, que trabaja en el Museo de Bellas Artes, un museo grande que nació al mismo tiempo que el Museo de Bellas Artes nuestro, y él decía “yo trabajo en el museo de Bellas Artes y no es mucho lo que gano, porque me gusta entrar todos los días al trabajo y rozarme con el marco de una pintura de Goya, o en la penumbra del museo aún no abierto sentir la mirada intensa de un Manet” hay una cuestión de compañerismo que se instala en las personas que trabajan en esto.  Tener un vecindario afín a lo que a uno le hace disfrutar.

La galería produce la circulación de los objetos artísticos. Trata de obtener personas interesadas en poseer los objetos que producen los artistas. En la medida que podamos responder mejor se profesionaliza el trabajo de los artistas porque entonces los artistas no tienen que trabajar en otra cosa. Puede dedicar gran parte del tiempo en producir objetos artísticos.

El trabajo de estar buscando padres adoptivos a los objetos artísticos es una tarea importante. Y no toda la gente compra porque desea equipar su ambiente de trabajo o su ambiente de vida cotidiana, hay gente que compra una vez un objeto y nunca vuelve a comprar, pero ese objeto le acompaña mucho tiempo.  Trato en lo posible de vender o poner a la venta objetos que a mí también me interesen, obviamente tengo que responder al gusto de las personas, entendiendo que es un mercado pequeño, y entendiendo que no es común invertir en un objeto artístico, digo respecto a la gente que tiene esa posibilidad de pensar en invertir.

En cuanto a persona vinculada a patrimonio, me tocó la experiencia durante algunos años llevando la dirección de patrimonio de la República, ahí soy un servidor público con un salario que paga el Estado, pagan los ciudadanos, con una suerte de obligación para cautelar la protección del patrimonio del Estado y de las personas.

El exceso de buen gusto puede matar la obra de arte

Hoy en día existe esta palabra que se llama curador para poder explicar este trayecto que se hace entre el arte, el objeto artístico o el gesto artístico y la audiencia. El curador es el que puede poner en diálogo a esa audiencia singular o esa persona, porque le propone acercarse a una pieza. Una obra de arte no se agota en una sola visión.

Si se agotaran sus posibilidades de comunicación de lo artístico se agotaría como mera información  denotativa, el arte trabaja la connotación, entonces nos encontramos con que una persona de hoy puede fruir en términos estéticos de un bajo relieve egipcio que fue hecho con otro objeto y que significó otras cosas 6.000 años atrás. El curador puede orientar la lectura, la entrevista entre audiencia y objeto artístico también educa.

Es como hacer el amor, probablemente las primeras veces hay limitaciones, pero una vez encontrado un código común se comparten códigos, se comparten lenguajes, y el arte se te va dando con generosidad en la medida en que vos vas abriendo tus puntos sensibles. Para mi es una experiencia que si se puede educar, pero la cuestión del gusto es un riesgo. El exceso de buen gusto puede matar la obra de arte.”

Osvaldo Salerno es indudablemente una figura clave en el mundo del coleccionismo de arte en Paraguay, no sólo por sus conocimientos, y por su participación en la construcción de colecciones públicas y privadas, creo sobre todo por la pasión que mantiene viva de buscar ese acontecimiento al que él llama arte; es una búsqueda que realiza tanto de manera individual como ayudando a otros artistas a encontrarse con ese ser escurridizo, o ayudando a otros a entrar en contacto con ese “acontecimiento”.

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